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Juego de Tronos y el mal endémico del Deus Ex Machina

Juego de Tronos se ha convertido en la serie más premiada de la historia de los Emmy y ha levantado su segunda estatuilla consecutiva a Mejor Drama Televisivo. Los Oscar del mundo de la televisión han hablado, ¿pero estamos de acuerdo con ellos? Como fan acérrima de libros y serie, os propongo un recorrido por aquello que ha fallado en la sexta temporada y la ha convertido en la serie que nunca había sido bajo la tutela de George R.R Martin. Atención, a partir de aquí se avecinan spoilers importantes sobre la trama.

Como he dicho, en la sexta temporada de Juego de Tronos se cometieron, bajo mi punto de vista, errores clamorosos de guión que no justifican que éste sea el Mejor Drama, según los Premios Emmy, que hemos visto este año. Vayamos por partes, contextualizemos, reflexionemos. La sexta temporada de Juego de Tronos es la primera que diverge completamente de la escritura de George R.R Martin, al menos en líneas generales y no en ciertos eventos que los guionistas ya conocían, como es el caso de la historia del origen de Hodor o la resurrección de Jon Snow. Esta es la primera vez que podemos ver el talento de Benioff y Weiss más allá de la adaptación, como guionistas originales. Y es un auténtico y absoluto fracaso con sobrados errores y honrosas excepciones.

La primera, y para mí, la más sangrante, es la traición al propio espíritu Juego de Tronos. Durante seis temporadas y cinco libros, el universo Canción de Hielo y Fuego ha estado planteado una ruptura con la épica tradicional y clásica dentro del género fantástico. Para poner un ejemplo que todo el mundo entenderá sin irnos demasiado lejos: la épica del Señor de los Anillos, la de Tolkien: buenos buenísimos contra malos malísimos; resoluciones de batallas en el último momento y contra toda esperanza, y, sobretodo, el héroe inmortal que siempre cumple con su destino.

Juego de Tronos es la serie más premiada de la historia de los Emmy hasta la fecha

En Canción de Hielo y Fuego, lo primero que aprendimos con dolor y lágrimas es que no hay héroes inmortales porque los héroes no existen. Solo existen las personas, los humanos, con sus fallos, incoherencias y también aciertos. La nobleza no es un acto que se recompense, aunque sí la astucia, porque no hay un universo karmático que vaya a pensar en ti por haber sido honorable en un pasado. Las batallas tampoco se ganan al último momento, si no con una buena estrategia y contando con los aliados adecuados. Esto no es un texto que se sienta escrito, ni un mundo construido por un autor, es un lugar que se siente vivo, coherente y sobretodo no prefijado.

Y no pensemos en magia y dragones para asociarlo a la fantasía épica, eso al fin y al cabo es un atrezzo que le sirve a Martin para redoblar su discurso entre un pasado y presente de metaficción. Si lo recordamos, al principio la magia son leyendas de la Vieja Tata en el universo Juego de Tronos. Los Caminantes Blancos forman parte de los cuentos para asustar a los niños, y los días de los niños de los bosques han quedado perdidos en la memoria de todo el reino de Poniente excepto en el inquebrantable norte.

Los caminantes blancos, viejas leyendas para asustar a los niños

Los caminantes blancos, viejas leyendas para asustar a los niños

Esta traición al espíritu implantado por Martin ha tomado forma con un recurso literario que hoy en día podía calificarse como el cliffhanger seriéfilo: el Deus Ex Machina. Para los que estéis pensando en el videojuego de Eidos, cabe comentar que éste recurso se utiliza desde los tiempos del teatro clásico, y define los giros de guión que se utilizaban para resolver una trama especialmente complicada y de difícil arreglo. Mientras que en la Grecia clásica esto se materializaba mediante la acción de un Dios, en la actualidad el guionista utiliza enrevesados y tramposos trucos que nos llevan a pensar que todo lo hizo un mago. Es un poco el efecto Perdidos. Metes un humo negro, osos polares y una isla en la que prácticamente todo se vale mientras acabes el episodio con algo sorprendente que haga volver al espectador la semana que viene.

El concepto de Deus Ex Machina no es ajeno al universo de Juego de Tronos e incluso al de Canción de Hielo y Fuego. Nos lo hemos encontrado en numerosas ocasiones en nuestro camino por los Siete Reinos, muchas veces con más aciertos que otras. El Deus Ex Machina es un recurso totalmente válido si se utiliza con mesura, pero si se cometen excesos, se banaliza su significado y hace entrever una escritura pobre en la que los embarrados de guión se solucionan por la vía fácil y rápida. Aún así, Juego de Tronos tenía el honor de haber utilizado más bien poco este recurso y si lo hacía, al menos era sin espectacularidad y con coherencia interna respecto a su propio discurso. Jamás puso en peligro su espíritu ni se traicionó a sí mismo. Hasta la sexta temporada, claro.

Considero que esta temporada ha tenido tres grandes y clamorosos Deus Ex Machina. El primero se llevó como pudo, el segundo estuvo pésimamente ejecutado, y el tercero clavó la estacada de muerte que aviva mi defenestramiento de esta temporada. Y ahora, vayamos por partes:

La resurrección de Jon Snow

Lo mascamos durante todo un verano pues jamás nos lo creímos. La cantidad ingente de teorías y el acoso mediático por si Kit Harrington aparecía en el set de rodaje fue un ansiado oasis en el desierto para las páginas especializadas en series. Todos lo sabíamos, todos lo gritábamos y, finalmente, se acabó cumpliendo: la resurrección de Jon Snow en manos de la bruja Melisandre.

Una de las cosas a tener en cuenta en este primer caso de Deus Ex Machina es que estos acontecimientos, si bien no se muestran en los libros, se dejan entrever y es la opción más aceptada por fans y teólogos, lo que hace que el efecto del Deus Ex Machina esté disuelto, pues todo el mundo lo espera. En la serie, los creadores han optado por este camino y han dado forma visual a lo que aún no hemos leído, satisfaciendo los deseos de casi todo lector y espectador.

Desde la primera temporada y al igual que en los libros, cómo hemos señalado antes, Juego de Tronos ha querido demostrar que no tiene miedo a borrar del mapa a personajes relevantes e incluso protagonistas. En esta serie no hay intocables, y así nos lo demostraron con Ned Stark, su hijo Robb, Joffrey Baratheon y unos cuantos nombres más que dijeron adiós cuando nadie lo esperaba. Cuando alguien moría en la serie, lo hacía de verdad, y los guionistas se han enorgullecido de ello y han sacado pecho como el que más demostrando la diferencia de Juego de Tronos respecto a otras series.

Ned Stark, el primero de muchos en caer...

Ned Stark, el primero de muchos en caer…

En la serie, al contrario que en los libros, se ha borrado cualquier elemento fantástico que nos preparara para la resurrección de alguien (sí, la aparición de Berric Dondarion es anecdótica, y dudo que ningún espectador puro que no haya leído los libros lo recuerde). Es por ello que el segundo nacimiento de Jon Snow pilla doblemente desprevenido en la serie. Uno, porque no se nos ha preparado para ello de la misma manera que Martin lo hace en los libros (Lady Corazón de Piedra, Berric Dondarion, la constante fricción entre Magia y Realidad, la Fe y la Ciencia), y dos, porque está pésimamente ejecutado cinematográficamente.

Aún así, este es un ejemplo de Deus Ex Machina bien hecho y meditado, aunque no lo supieran llevar correctamente. La resurrección de Jon Snow no solo significa su vuelta a Juego de Tronos, si no la ruptura de los propios autores con todo lo que han construido hasta ahora. Un pase libre para que otros personajes no conozcan la muerte definitiva. Además, uno de los mayores errores es que, en una temporada en la que se ha hecho todo con prisas, no nos ha dejado tiempo para que respiremos y asimilemos que Jon vive, al igual que ha pasado con los personajes de la serie, que al capítulo siguiente no parecía que estuvieran viendo a un hombre que había vuelto de entre los muertos.

Daenerys y los dothrakis

El personaje de Daenerys es un claro ejemplo de embarramiento de guión. Se embarró en los libros y se ha embarrado en la serie. La pequeña de los Targaryen empieza muy fuerte hasta la cuarta temporada, e incluso hasta el quinto libro. Consigue sus dragones, logra librarse de los Eternos y se hace con todo un ejército de Inmaculados para doblegar Poniente. A Dany todo le ha salido a pedir de boca, bien haya sido por su habilidad como estratega, sus poderes mágicos o la bendición divina del Creador. Pero entonces llega a Meeren, y Martin se mete en un lío de gobernabilidad que si bien podría haber sido muy interesante (la conquistadora que quiere gobernar pero no sabe) se queda en un tedio sin fin que no avanza ni nos cuenta nada. En la serie ha pasado algo similar y la oportunidad de corregir la trama ha quedado totalmente diluida.

Con el final de la quinta temporada y, así mismo, el final del quinto libro, se nos introdujo a una Daneerys perdida en el mar de los dothrakis, con su más que posible exilio a Dosh Kalesh. Hasta aquí bien. Tal y como vaticinaban todos los presagios, Dany acaba con las viudas Khalessis mientras espera su rescate ya sea por parte de sus dragones o sus caballeros andantes. En el capítulo X vimos la resolución de este conflicto y cómo los guionistas se han sacado un Deus Ex Machina de la manga para alargar la bendición divina de Daenerys.

Jorah y Daario aparecen en la ciudad sagrada de los Dothrakis y mágicamente se encuentran con Daenerys cuando a esta le entra una pequeña incontinencia. Cosas de damas. Justo cuando sale, los dos caballeros, que sabían a la perfección dónde se encontraba (claro, claro), le comentan que están allí para rescatarla. Ella, que no necesita que nadie la rescate, y mucho menos dos hombres (bien, Juego de Tronos, bien), planea uno de sus planes brillantes de estratega nata y fucking badass que tanto habrán gustado en todas partes.

Y así es, Danerys vuelve donde estaba, donde casualmente ahora están todos los Khales reunidos, y decide incendiar el lugar con sus super poderes de Targaryen. Porque sí, Daenerys podía anticipar que se iba a quedar sola con ellos, que el sitio estaría a salvo de inocentes y que habría las suficientes antorchas para quemar el lugar. Si no nos ponemos quisquillosos, podemos llegar hasta a creérnoslo, pero aquí es donde la rapidez de Juego de Tronos y su exceso de tramas muestra su debilidad, que por no dejar respirar el lenguaje cinematográfico deja  demasiadas cosas a la buena fe del espectador en la trama.

A Dany todo le ha salido a pedir de boca, bien haya sido por su habilidad como estratega, sus poderes mágicos o la bendición divina del Creador.

Bueno, sigamos. Se prende en llamas el lugar, todos los khales mueren achicharrados y Daenerys sale en plan diosa del Olimpo, completamente desnuda, para que todos sus nuevos súbditos se arrodillen ante su nueva deidad. Pam. Daenerys ha solucionado dos problemas que retrasaban su trama de golpe: el constante diezmo de sus Inmaculados y un flamante y más numeroso ejército para conquistar Poniente. Una vez más, tocada por la gracia divina del Creador. Y este es un ejemplo de mala utilización de Deus Ex Machina. Porque es excesivo, porque demuestra demasiada intervención por parte de los guionistas para llevar a Daenerys a un lugar que ya se siente prefijado desde el principio y donde simplemente han tenido que llenar los huecos entre medio para hacer tiempo. Y así, de intervención divina a intervención divina, Daenerys consigue mágicamente todo lo que se propone.

Jon Snow y el Síndrome Señor de los Anillos

Una vez resucitado, limpito y con aliados nuevos, Jon Snow se embarca en una lucha por recuperar aquello que es suyo por legítimo derecho: el Trono de Invernalia. Nosotros, mediante las visiones de Bran, ya hemos descubierto que lo que corre por las venas de nuestro bastardo favorito es sangre de primerísima calidad real, siendo Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark sus verdaderos padres.

Con su presupuesta hermana Sansa, ahora prima, Jon prepara el evento televisivo del año, una de las batallas más caras de la historia de la pequeña pantalla así como la más espectacular: La Batalla de los Bastardos. Jon “Targaryen” Snow vs. Ramsay “Snow” Bolton. El bien contra el mal, el Dios resurrecto de entre los muertos contra el Hombre.

Seamos sinceros, todos estábamos deseando que Ramsay perdiera, y todos lloramos ante la estúpida muerte de Rickon. Pero lo que me cabreó, y mucho, es que esa particularidad divina de Jon Snow no solo se trasladara a su resurrección, si no a la creación de una barrera invisible que, mágicamente, impedía que ninguna de las flechas del campo de batalla se clavaran en su cuerpo mientras todos sus compañeros de alrededor caían como moscas. No solo eso, a Jon Snow no le hunde ni una masa ingente de hombres aplastándole, y en el último momento, otra vez por el divino creador, mágicamente consigue salvarse para el alivio de nuestros pechos. Como si se tratara de la batalla del Abismo de Helm en El Señor de los Anillos, el bastardo Snow consigue resolver lo imposible, como no, en el último momento gracias a la entrada triunfal y épica de un ejército de caballeros que llega en el momento más oportuno. ¿Veis por dónde voy? ¿Cuándo habíamos visto esto antes en Juego de Tronos? Comparadlo con la resolución de la Batalla del Aguasnegras de la segunda temporada y veréis lo que digo.

Ramsay Bolton, un ser entrañable que se ganará nuestro cariño

Ramsay Bolton, un ser entrañable que se ganará nuestro cariño

Para finalizar este ya extenso e inacabable tocho, es interesante remarcar el carácter divino que están adquiriendo tanto Daenerys como Jon Snow, dos personajes que podrían estar más relacionados de lo que parece. Si bien en la serie a Jon Snow lo están tratando como si NUNCA hubiese resucitado de entre los muertos, Daenerys sí que recibe un trato mucho más deificado gracias a los arrodillamientos de sus súbditos y toda la parafernalia a nivel de realización que se hace de ella (picados, grandes planos abiertos mostrando su grandilocuencia, etc…)

¿Es Jon Snow la parte humana de Daenerys? ¿Simplemente está mal hecho por parte de los autores? Muchas preguntas, pocas respuestas, y una temporada que ha abusado del intervencionismo de otro poder divino tan poderoso como peligroso: el del Omnipotente Guionista, que por llegar a su final deseado hará todo lo que esté en su puño y letra para lograrlo, aunque con ello se cargue toda la realización previa o la propia calidad de su obra. Los showrunners de Juego de Tronos ya están condenados, ¿lo estará también Martin?

Sobre el autor

Lyra
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