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Cata de series: Una serie de catastróficas desdichas (II)

catastróficasA Series Of Unfortunate Events

Una serie de catastróficas desdichas merece una segunda parte explicando los dos últimos tramos de la espectacular serie. Pero si no has leído la primera, aquí la tienes.

Dentro cata y spoilers.

El ventanal

Llegamos a una de las mejores partes de la serie, los niños llegan a una a una casa cochambrosa en mitad de un acantilado y que da la sensación de caerse en cualquier momento. En esa casa, vive Tia Josephine, una viuda afroamericana obsesionada con la gramática y que tiene terror prácticamente de todo. Ese terror irracional amarga mucho a los huérfanos ya que es imposible realizar cualquier tipo de actividad o usar cualquier objeto conectado a la corriente eléctrica. Pero, al fin y al cabo, estarían seguros en un pequeño pueblo a orillas del Lago Lacrimógeno.

Pero… ¿quién falta en la ecuación? Aunque hasta ahora no ha sido todo bonito, la verdad es que la cosa pinta mal de nuevo. El Conde Olaf se hace pasar por un capitán de barco con pata de palo, parche y gorra marinera. Aliñado con todos los elementos para pasar desapercibido, consigue camelar a Tia Josephine.

A estas alturas de la serie es realmente complicado engañar a los niños Bodelair. Y es que prácticamente al instante de la aparición estelar de Olaf, los niños reconocen al que pretendía ser su “nuevo” tutor legal. Para ello, El Conde Olaf intenta, y a priori lo consigue, una relación sentimental con tía Josephine.

Sabemos que esto no puede llegar a más cuando los niños se dan cuenta que tia Josephine se ha lanzado al vacío desde la maltrecha casa al lado del acantilado. La forma “inequívoca” de su figura se marcaba en la gran vidriera del salón principal. Un suicidio acompañado con la clásica nota explicando un poco sobre su marcha.

Aquí es donde encontramos la primera pista, los niños sospechan que algo no es lo que parece cuando en la nota de despedida encuentran errores gramaticales y ortográficos. Errores que detestaba tía Josephine y que les pone en alerta. A todo esto, se reúnen los niños con el banquero Poe y el Conde Olaf disfrazado de capitán de barco. Los niños, que ya habían descubierto el mensaje secreto dentro de la nota de despedida, intentan sin éxito zafarse de volver con Conde Olaf. Compinchados con el camarero (éste estaba amenazado por la compañía de teatro de Olaf) consiguen introducirse en el Lago Lacrimógeno y van en busca de tía Josephine.

Tras luchar contra las inclemencias del tiempo, llegan a la gruta especificada del mensaje y allí les esperaba tía Josephine, lista para contarles la verdad. Se había sentido amenazada por Conde Olaf y simuló su suicidio, no sin antes escribir la nota con la pista de su ubicación.

Ponen entonces rumbo de vuelta y les pilla la tormenta… Además de una suerte de sanguijuelas que detectan cuando alguien ha comido y hacen todo lo posible para comérselo. Tia Josephine, aun sabiendo de su existencia, se comió un plátano antes de partir, lo que provocó la furia de las sanguijuelas. Hicieron del pequeño velero un colador y en el momento más extremo aparece un barco. Capitaneado por el Conde Olaf y su banda.

Al mismo tiempo, vemos un biplano sobrevolando la zona, una aparición estelar que nos vuelve a dar esperanzas. El señor y la señora Baudelaire pilotan dicho aparato y se lamentan de las personas del pequeño velero a punto de hundirse, desconocen que son sus hijos y tía Josephine, y se sienten aliviados al ver que son recogidos por el barco. La última vez que vimos a los padres Baudelaire fue en una especie de furgoneta encerrados que partía bosque a dentro a toda velocidad. En la propia escena, dicen que vienen de Perú así que vamos encajando más piezas de este desdichado puzle. ¿Estarán los padres libres por fin? Todo parece indicar que sí.

Regresemos al barco. Allí tía Josephine deja a un lado su miedo que la acompañaba incondicionalmente durante toda la serie y se enfrenta al Conde Olaf. Tras mediar unas cuantas palabras con referencia a un pasado común, la tira por la borda del barco.

Toda la tripulación, compuesta por la compañía de teatro de Conde Olaf, y los niños, regresan a puerto. Desde el mismo barco divisan a los lejos el Aserradero de la Suerte, un lugar que aparece en una foto del grupo -ya la podríamos llamar sociedad secreta- de los padres de los niños y el resto de sus compañeros. Allí les espera el banquero Poe, quien sigue dudando de los niños cuando le dicen que el marinero es el Conde Olaf.

Entonces, Sunny comienza a morder la pata de palo del falso marinero. Se rompe y “mágicamente” le crece una nueva pierna, con el tatuaje de la sociedad secreta incluido. Mientras Poe y Olaf discuten, los niños se cuelan en una camioneta del Aserradero de la Suerte y se marchan.

El aserradero lúgubre

El conductor de la camioneta ve a Violet por el retrovisor y deja a los tres niños desamparados en mitad del lúgubre bosque que rodea al Aserradero de la Suerte. Consiguen adentrarse dentro de la fábrica y prácticamente lo primero que ves es una torre alta con el símbolo de la sociedad, el ojo que todo lo ve, se alza en un ventanal enorme desde donde una mujer les vigila.

Les interrumpe Charles, el gerente del aserradero detrás una risa nerviosa, que deriva a los niños a hablar con su socio tras enseñarles la foto de los miembros de la sociedad. Entran en un despacho y conocen a “Señor”, un trajeado jefe que reacciona al mencionar el apellido Baudelaire. Señor acusa a los padres de los niños de haber prendido fuego a la ciudad colindante al aserradero.

En la siguiente escena vemos al Conde Olaf subido en la misma camioneta donde estuvieron los niños, interrogando al conductor. Para más desdicha, la ex novia del Conde Olaf trabajaba en el edificio del ojo y este no tardó mucho en presentarse de nuevo. La Doctora Orwell, como así se hace llamar, abre la puerta y empiezan a maquinar planes para matar a los Baudelaire. Vuelven a aparecer en escena los padres de los niños, que ya planean el regreso triunfal y el fin de su escondite.

Y aquí es donde comienza el primer día de -horrible- trabajo en el aserradero. Con otra escena genial donde el almuerzo consiste en un descanso de 5 minutos y un chicle de fresa. Pero el nuevo capataz interrumpe pronto. El hecho de que sea nuevo pone en alerta a los niños, y es Klaus el encargado de descubrir si se trata de Conde Olaf, pero no, esta vez es uno de sus esbirros. El esbirro golpea a Klaus y le pisa las gafas… Y recibe una invitación directa a casa de la optometrista, también conocida como doctora Orwell, que pasa consulta en el edificio con forma de ojo.

Los progenitores Baudelaire entran de nuevo en acción y roban una camioneta del servicio técnico de frigoríficos, con el único objetivo de llegar al Aserradero.

Volvemos al aserradero… Cuando Violet está apunto de averiguar en la biblioteca la verdad sobre el incendio de la antigua ciudad, llega Señor y arranca la página. Pero Sunny descubre un libro con una pista escrita por el señor Baudelaire y consiguen llevárselo fuera de la sala.

En la siguiente escena regresamos a la consulta de la optometrista, donde la doctora confiesa haber conocido a los padres de Klaus mientras lo ata a una silla para examinarle la vista. Tras hipnotizar al bueno de Klaus, vemos la imagen borrosa de la cara del Conde Olaf disfrazado, esta vez, de mujer. Violet espera impaciente a Klaus en el barracón hasta que este llega completamente “ido”. Su comportamiento ahora es el propio de un zombi.

El segundo día comienza movidito: el capataz ordena a Klaus llevar consigo a la pequeña Sunny, mientras se comporta como un autómata. Hasta que Violet pronuncia la palabra “exorbitante”, que hace que Klaus vuelva en a ser el mismo de siempre.

Por fin los padres llegan hasta el aserradero y los niños son llamados por megafonía a encontrarse con una visita inesperada. Y cuando los padres abren la puerta, un nuevo giro dramático de la historia sobrevuela la serie. Se cambia por completo la escena y los padres en realidad están entrando en una mansión donde les esperan sus tres hijos, nada tiene que ver con el Aserradero. En cambio, al otro lado de la puerta del Aserradero -esta vez sí es esa- nos encontramos a la doctora Orwell y a Conde Olaf disfrazado de mujer. Ponen entonces unas gafas a Klaus y vuelve a convertirse en un zombi.

A la escena de los tres niños con la doctora Orwell y Shirley -a.k.a. el Conde Olaf- llegan Señor y su secretario. Los cuatro adultos se montan en una bicicleta y siguen con el turno de trabajo. Klaus parece haberse vuelto loco mientras maneja maquinaria pesada y aplasta a un compañero de trabajo con fatal desenlace. Pero vuelve a escuchar la palabra “exorbitante” y regresa en sí, los niños entonces piden ayuda al secretario de Señor y éste se compromete a contarle la verdad sobre los padres Baudelaire. Pero no será ahora.

La relación entre la doctora Orwell, Shirley y Señor es bastante siniestra, Shirley se presenta como una pobre secretaria que quiere tener hijos. Es entonces cuando describe cómo quieren que sean sus futuros retoños y encaja perfectamente con los Baudelaire. Señor dice que solo se desprenderá de los niños si comenten un error fatal… et voilà. El error fatal se cometió en el aserradero pocas horas después de esta conversación, como he comentado en el párrafo anterior.

Los niños se introducen con sigilo en la torre del ojo donde Orwell trata a sus pacientes, allí descubren a Charles, el secretario de Señor, que acaba de ser hipnotizado. Además, dentro de un armario encuentran las fichas médicas de todo el Aserradero, cuyos trabajadores trabajan por un chicle al día.

Mientras duermen, acude el capataz, y susurra al oído la palabra “afortunado” a Klaus. Esta palabra es la que le hace entrar en trance. Por lo que el resto de trabajadores, deben tener una palabra para entrar y salir de la hipnosis. Le manda entonces regresar al trabajo de madrugada. Ya en el Aserradero, ata a Charles a un trono y Conde Olaf ordena a Klaus cortarlo con la sierra, pero Violet y Sunny aparecen para intentar detener la situación.

El capataz dice en voz alta la palabra “fuego”, palabra maestra para salir del trance del bueno de Charles. Pero la sierra ya está en marcha. En un momento de despiste, Violet va a la cabina del capataz y por megafonía dice la palabra “fuego”. Esto hace despertar del trance al resto de trabajadores que acuden rápido al Aserradero. Pero el capataz consigue trabar la puerta con una tabla. Sunny comienza a mordisquear las cuerdas que atan a Charles, pero Orwell la detiene. En el último momento Violet recuerda la palabra para sacar del trance a su hermano Klaus y consigue detener la sierra que ya rozaba los pies de Charles.

La marabunta de trabajadores despiertos rompe la tabla y se adentra en el Aserradero, Orwell se asusta y cae en el horno, muriendo. Mientras Sunny sale despedida hacia los brazos de su hermana. El Conde Olaf y su socio logran escapar y los trabajadores se enfrentan a su jefe, que también escapa.

A la mañana siguiente llega la prensa, entre los periodistas está la Señora Poe que trae consigo a su marido, que no cree una vez más a los niños al contar la historia. Charles entrega un papel que cuenta la verdadera historia del incendio que arrasó la ciudad contigua y del que los padres Baudelaire habían cargado con la culpa según el jefe del Aserradero.

La nota dice que los padres de los niños habían sido los responsables de apagar el incendio y de salvar a los niños de la ciudad. Poe lleva a los niños a su nuevo hogar, un internado deprimente y lúgubre. Antes de marcharse el banquero, les entrega un paquete enviado desde Sudamérica a su secretaria, para que lo haga llegar a los niños. Dentro de él se encuentra el trozo de catalejo que el Conde Olaf robó a Klaus en casa del tío Monty.

Los niños se sientan en un banco y, justo en el otro lado del mismo y sin verse, se encuentran dos de los niños que se encontraban en la casa donde llegan los falsos padres Baudelaire, que casualmente también mueren en un incendio. El niño, en una mano, sostiene una mitad de catalejo, justo el que les faltaba a los huérfanos Baudelaire. La cámara enfoca con rapidez a una estantería donde hay una foto de todo el grupo de la sociedad secreta cuando eran niños, habían estudiado allí.

Sobre el autor

Izan González
Editor tecnológico que se pasa por aquí de vez en cuando a descuartizar series. Twitter: @izangc

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