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Cata de series: Una serie de catastróficas desdichas (I)

Catastróficas Desdichas

Si tuviera que definir en una palabra a Una serie de catastróficas desdichas, esa sería “desasosiego”. En un entorno que mezcla lo idílico con lo más oscuro del alma humana y unos personajes con los que te alineas desde el primer minuto, siempre esperas que pase lo peor. Los tres hermanos Baudelaire y el Conde Olaf provocan en Una serie de catastróficas desdichas, una intranquilidad permanente que no recuerdo haber experimentado en ninguna otra serie.

Como dije, el entorno donde se mueven es idílico, con casas color pastel que casi provocan caries y unos personajes secundarios que detrás de una apacible, amable y bonachona superficie, se esconden verdaderos monstruos. Para sumergirnos, un buen ejemplo lo encarna la mujer del banquero Poe, una periodista que trabaja en el periódico local capaz de comercializar la vida de los niños Baudelaire de una manera cruel. Aprovechándose de la enorme desgracia de los huérfanos para beneficio propio.

A todo esto, aparece Lemony Snicket (pseudónimo de Daniel Handler, autor original del libro en el que se basa esta serie), un personaje que se presta como narrador y que se dirige al público para ir explicando la serie. Según sus palabras y el uso sin excepción del pasado, deducimos que él mismo ha estado investigando a los huérfanos y sabe la historia completa. Nos “invita” cada poco tiempo a dejar de descubrir las calamidades de los propios infantes que, desde la comodidad de nuestro sillón, no hace sino engancharnos más.

Para poneros en antecedentes, los niños Baudelaire marchan a la playa en un día extraño para realizar ese viaje, con el cielo encapotado, se suben a un tranvía y ponen rumbo a la costa. Al poco tiempo de llegar acude el banquero Poe a darles la peor noticia que jamás recibirán -o no-. “Vuestros padres han fallecido en un terrible incendio”, dice el banquero, entre toses que nos hacen sospechar.

Los niños, la verdad que no muy apenados a priori, van a visitar los restos de su casa todavía candente. Klaus, como se llama el hermano, encuentra un artilugio extraño, color dorado y que luego será clave para entender muchas cosas. El Banquero, que acompaña a los niños en todo momento, decide llevarles con su pariente más próximo. El Conde Olaf. Y la serie de catastróficas desdichas no han hecho más que comenzar.

Un mal principio

Tras una noche en casa de los Poe, donde la mujer del banquero se encarga de recopilar la vida y desgracias de los niños para publicarla en su periódico, los niños deben acudir con el “pariente más próximo”, este es, el Conde Olaf. Conde Olaf es un actor de teatro de poca monta con aires de grandeza, un ego exacerbado que a veces resulta hasta simpático y una compañía teatral de lo más variopinta.

La casa o, mejor dicho, mansión propiedad de Olaf donde se alojan los Baudelaire es antigua y tuvo mejores momentos. Prácticamente se cae a pedazos y la suciedad inunda cada esquina de la casona. Aunque Conde Olaf tiene espacio suficiente, obliga a los niños a quedarse en la zona más alta, con solamente una cama a compartir entre los tres hermanos y un baño realmente asqueroso.

Todo lo anterior nos va poniendo en situación, Conde Olaf trata a los pequeños como criados obligándoles también a limpiar toda la casa y a hacer las veces de cocineros. Tanto para él como para su estrambótica pandilla de actores que hacen las veces se secuaces.

Si esto no era suficiente, el plan del Conde Olaf para hacerse con la fortuna de los niños Baudelaire es bastante atípica. Gracias a la amistad que los niños entablan con una vecina juez, consigue camelarla para que forme parte de su próxima obra teatral. La juez, embriagada por hacer realidad su sueño, no se da cuenta de la treta del Conde, que busca escenificar una boda con Violet en el teatro como si se tratara de ficción, pero al ser oficiada por una juez de pleno derecho, tendría validez legal.

Para perpetuar su hazaña, el Conde encierra a la pequeña de los Baudelaire en una jaula y la cuelga en lo alto de la casona. Amenaza entonces con dejarla caer si la niña se niega a casarse con él. Pero la historia da un giro inesperado a favor, por fin, de los huérfanos.

La pequeña Sunny es más inteligente que el palmero que deja el Conde al cargo de su vigilancia y consigue, mediante un juego de cartas, que la libere y la lleve al teatro. En el momento justo en el que el hermano termina de explicar una treta legal para librarse del fraudulento, pero aparentemente legal, matrimonio.

Ahora viene el nexo con toda la trama, ¿recuerdan el símbolo con apariencia de ojo que se encontró el niño entre los restos chamuscados de su casa? Pues el malvado Conde Olaf tiene ese mismo símbolo tatuado en su tobillo…

En esta primera parte de la historia, termina descubriéndose toda la trama en la propia obra de teatro, tras la explicación y el ridículo del Conde Olaf, este desaparece con una bomba de humo. Los niños entonces vuelven a pasar por casa de los Poe, donde la mujer del banquero vuelve a aprovecharse del terrible desamparo de los niños para sacar tajada periodística.

La habitación de los reptiles

La segunda casa de alojamiento de los huérfanos Baudelaire es la de su tío Montgomery Montgomery. Un afamado científico que ha dedicado su vida de pleno en las serpientes. Aunque los niños nunca han escuchado hablar sobre él ni tenían referencia alguna, se encuentran muy a gusto con su nuevo tutor legal. Un hombre de ciencia con apariencia de tener la cabeza bien amueblada podía ser el final de todos los esperpentos que han sufrido con Conde Olaf.

Todo transcurría muy bien, los tres niños eran muy felices hasta que misteriosamente entra en escena Stephano, un ayudante que viene a asistir al profesor Montgomery en sus investigaciones. No hace falta echar mucha cuenta en el burdo atuendo.
Stephano, como no podía ser de otra manera, es un disfraz del Conde Olaf. Aún ataviado con bata y con un cambio estético bastante importante, todavía era reconocible. Esta parte de la serie es bastante graciosa a la par que frustrante (es exactamente lo que se busca), parece que nunca nadie se da cuenta de los disfraces de Conde Olaf. Será un elemento que se mantiene en el resto de la serie y que forma parte de la trama principal.

Al presenciar tal aparición, los niños deciden contar a su nuevo tutor que tienen sospechas sobre Stephano. Parece ser un impostor y sorprendentemente el tío Montgomery reconoce que se había dado cuenta y que lo mejor es dejarlo estar. Aunque escépticos, los niños Baudelaire deciden hacer caso a su tío y esa misma noche planean todos irse al cine.

En mitad de la película, el tío Monty saca una especie de catalejo (del mismo tipo que el encontrado por el niño en su casa quemada) y empieza a girar una serie de anillos concéntricos. Las letras de los subtítulos se convierten en un mensaje que le avisa de un peligro y le propone huir a Perú. Esos parecían ser los planes, pero como siempre… todo se tuerce en Una serie de catastróficas desdichas. Y es que resulta que el tío Monty creía ciegamente que el Profesor Stephano era un espía de la asociación científica a la que él pertenecía. Nada que ver con la verdadera identidad.

Vamos a hacer una pequeña pausa, cuando el tío Monty enseña la casa a los niños les señala un cuadro donde vemos un solitario piano. Dice que en la foto aparecen él y el padre de los niños. Ante la extrañeza de los Baudelaire, explica que están dentro del piano. Un detalle que parece no tener importancia, hasta que el Profesor Stephano les dice exactamente lo mismo y que él fue el que tomó la foto. Es el primer guiño a la relación anterior y que ya sospechamos que algo tiene que ver con el tatuaje del tobillo de Olaf.

El tío Monty amanece muerto en la sala de las serpientes, al parecer, con una picadura de una de ellas en el cuello. Las siguientes escenas son simplemente geniales, el grupo de actores amigos de Conde Olaf toman una función, se hacen pasar por enfermeras, forenses e incluso policías. Pero los huérfanos volvieron a demostrar lo que sospechaban: el Conde Olaf estaba detrás del asesinato… Encontraron un artilugio con dos agujas que simulaban la disposición de la mordedura de una serpiente, conectadas a sendos depósitos de veneno. Sin escapatoria aparente y ante la evidencia, Conde Olaf se introduce en el laberinto anejo a la casa de Montgomery.

Poe rehúye del plan de seguir a Olaf por el laberinto y son los tres Baudelaire los que van tras el malvado. Pero cuando por fin lo acorralan, Olaf “se desvanece” bajando por una trampilla secreta justo antes de que los niños le vean. Es aquí cuando Klaus saca el mensaje escrito en una nota de papel que Monty había descifrado en el cine gracias a un artilugio dorado en forma de telescopio. La nota dice que está en peligro y que lleve a los niños en el barco SS Prosperidad a Perú, donde estarán a salvo. También ahora, Klaus se da cuenta de que Olaf ha robado el artilugio que encontró en la casa quemada, muy similar al de tío Monty.

Cuando se están lamentando, la figura del centro del laberinto abre un espacio entorno a ella, dejando acceso directo a los niños al centro. Lo que parecía una figura de latón, era en verdad, una mujer cuya mano sujetaba el mismo tipo de catalejo que he comentado anteriormente.

La “mujer-estatua” anima a los niños a ir con tía Josephine, ella les dará todas las respuestas a sus innumerables preguntas. Se trata de la secretaria de Poe, a la que hacen desaparecer por un tiempo en el primer capítulo para que no proteja a los huérfanos. Mientras van en el coche camino a casa de Josephine, Poe confiesa que Jacqueline fue recomendada por los padres de los niños.

Mediante unos pasadizos secretos, Jacqueline -también conocida como “mujer-estatua” y secretaria de Poe en el banco- sigue la pista a Conde Olaf y la lleva hasta un barco dirección a Perú. Allí podemos ver otra de las escenas más divertidas de la serie, donde se enzarzan en una pelea y el Conde Olaf se zafa tirándose por el ojo de buey de la habitación del barco.

Los padres Baudelaire aparecen en escena en un bar de Perú intentando contactar con tío Montgomery, sin resultado, como podríais esperar. A la gente del bar parece no agradarles la presencia de los progenitores, que presumiblemente tendrán que pelearse con los allí presentes, pero termina el capítulo.

Sobre el autor

Izan González
Editor tecnológico que se pasa por aquí de vez en cuando a descuartizar series. Twitter: @izangc

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